Volteas y tienes la certeza de que esto no es como lo esperabas, sientes ganas de regresar sin retroceder, pero sabes que eso es imposible, una tela blanca se despliega frente a ti, la visibilidad es borrosa, existe algo ahí, pero no sabes de que se trata, es difícil saberlo, la única manera de averiguarlo es levantando esa cortina, una cortina que seguramente tú mismo has puesto. Es la confusión y la necesidad de querer tenerlo todo tan claramente… es el deseo de tener asegurado aquello tan deseado… y ahora, estas ahí parado frente a tu misma barrera, que aunque es liviana tiene gran peso para ti, siempre ha sido más fácil voltear y recordar aquello que te hizo sonreír, pero no habías crecido tanto como ahora, no era tan complicado como ahora.
Sigues caminando, no sabes en que momento detenerte, no sabes en que momento chocarás con aquello que se encuentra del otro lado, ahora te has dado cuenta de que aquella cortina no era más que un velo que tu mismo has puesto frente a tus ojos, cubriendo tu cabeza intentando que tu pensamiento también se encuentre nublado, ¿en qué momento llegaré a esta meta?, mejor aún ¿en qué momento se clarificará para así poder llegar a ella?
intercambio de voces plasmadas
... es la realidad ligada con la creatividad que se plasma por medio de la imaginación... opiniones y sugerencias, inconformidades de lo vivido... sentimientos emitidos...
lunes 20 de febrero de 2012
viernes 16 de diciembre de 2011
La velocidad sin tiempo
En un momento en el que Paula pudo parar el mundo que ella misma había puesto a girar a velocidades que no se pueden percatar, resumía que el año simplemente se había presentado en un pozo y había dejado fluir cada gota de agua sin escatimar ni precisar en la importancia de ser cauteloso con algo tan necesario y de tanta vitalidad como lo es su propia existencia, se daba cuenta que tan solo esa era la primera ocasión en el año, que estaba mirando hacia atrás para reflexionar lo vivido, al menos hasta donde ella recordaba. Justo en Diciembre, el último mes del año, pero quizá el más pesado, que como a Paula le daba permiso de parar y voltear aun cuando estuviera a días de terminar.
Entre tantos pensamientos, ahora se había olvidado del significado de estas fechas, si bien implicaban gastos y un gran esfuerzo culinario, no encontraba ya más sentido que la pesadumbre misma de haber concluido algo sin la sensación de si quiera haberlo comenzado. Así se han acercado los días al fin, pero también al comienzo, que para Paula parece más aterrador al darse cuenta que probablemente al pisar el día primero del siguiente año no sería capaz de ver más nada que el mes de Diciembre, como ahora justo lo está haciendo; nuevamente sus pensamientos aceleran el paso, aun cuando Paula no se ha movido, lleva kilómetros de camino, lejos, muy lejos de todo y todos. Alguien se ha atrevido a pisar el freno, es Enrique que con suavidad ha llegado por detrás a besar su cuello.
¬-¿A dónde has ido Paula?, ¿A dónde huyes de mi, de tu familia y de ti misma?; anda acércate y dame un beso-
-No logras entenderlo Quique, no se dónde me encuentro, mucho menos a donde voy-
Y con la misma mirada perdida se levanta con un movimiento mecanizado, y al salir cierra la puerta. Del otro lado está Migue con su eterna sonrisa, apenas ha podido sostenerse, se tambalea en cada paso mientras se acerca a su madre extendiendo los brazos; Paula sin pensarlo lo levanta y sin más preámbulo Migue la mira y dice “¡mamá!”, de repente vuelve a parar toda idea y pensamiento, Paula cae en cuenta de la dulzura de la primer palabra de Migue, entre ella agradece poder recordar este momento y no haberlo perdido entre la velocidad y el mecanismo, en un segundo sale corriendo al balcón donde había dejado a su marido y estruendosa le comenta la nueva.
-¡Migue me ha reconocido, que digo, Migue ha hablado, pronto nos dará un discurso!- el silencio de Quique resulta ansioso –Quique te digo que me ha hablado, ha dicho ¡Mamá!
Quique, relajado como se caracteriza esboza una gran sonrisa y se dirige a Paula, -no me has escuchado tu a mí querida Paula, te he dicho que no necesitas volar a ninguna parte, si aquí hay quienes podemos reconocerte y apaciguarte, seguramente Migue solo estaba esperando por ti-
En ese momento Paula reconoció que no habría podido haber otra manera de regresar más que estando con quienes la conocen; su hijo le había dado la lección más importante de todo el año o quizá de toda su vida, la importancia de permanecer en ese momento, aquí y ahora, y lo relativo que puede ser la velocidad y el tiempo.
Entre tantos pensamientos, ahora se había olvidado del significado de estas fechas, si bien implicaban gastos y un gran esfuerzo culinario, no encontraba ya más sentido que la pesadumbre misma de haber concluido algo sin la sensación de si quiera haberlo comenzado. Así se han acercado los días al fin, pero también al comienzo, que para Paula parece más aterrador al darse cuenta que probablemente al pisar el día primero del siguiente año no sería capaz de ver más nada que el mes de Diciembre, como ahora justo lo está haciendo; nuevamente sus pensamientos aceleran el paso, aun cuando Paula no se ha movido, lleva kilómetros de camino, lejos, muy lejos de todo y todos. Alguien se ha atrevido a pisar el freno, es Enrique que con suavidad ha llegado por detrás a besar su cuello.
¬-¿A dónde has ido Paula?, ¿A dónde huyes de mi, de tu familia y de ti misma?; anda acércate y dame un beso-
-No logras entenderlo Quique, no se dónde me encuentro, mucho menos a donde voy-
Y con la misma mirada perdida se levanta con un movimiento mecanizado, y al salir cierra la puerta. Del otro lado está Migue con su eterna sonrisa, apenas ha podido sostenerse, se tambalea en cada paso mientras se acerca a su madre extendiendo los brazos; Paula sin pensarlo lo levanta y sin más preámbulo Migue la mira y dice “¡mamá!”, de repente vuelve a parar toda idea y pensamiento, Paula cae en cuenta de la dulzura de la primer palabra de Migue, entre ella agradece poder recordar este momento y no haberlo perdido entre la velocidad y el mecanismo, en un segundo sale corriendo al balcón donde había dejado a su marido y estruendosa le comenta la nueva.
-¡Migue me ha reconocido, que digo, Migue ha hablado, pronto nos dará un discurso!- el silencio de Quique resulta ansioso –Quique te digo que me ha hablado, ha dicho ¡Mamá!
Quique, relajado como se caracteriza esboza una gran sonrisa y se dirige a Paula, -no me has escuchado tu a mí querida Paula, te he dicho que no necesitas volar a ninguna parte, si aquí hay quienes podemos reconocerte y apaciguarte, seguramente Migue solo estaba esperando por ti-
En ese momento Paula reconoció que no habría podido haber otra manera de regresar más que estando con quienes la conocen; su hijo le había dado la lección más importante de todo el año o quizá de toda su vida, la importancia de permanecer en ese momento, aquí y ahora, y lo relativo que puede ser la velocidad y el tiempo.
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